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Mi padre José Calatayud García, nació el 20 de mayo de 1935, en Camporrobles (Valencia), donde era conocido como Pepe Calata, por razones de trabajo, nos vinimos a vivir a Catarroja hace 36 años. Siempre ha sido una persona extrovertida, le encantaba gastar bromas, hombre sencillo, sensato y justo. La realidad es que no tengo calificativos para describirle, estoy orgulloso de mi padre , con él aprendí muchas cosas buenas, siempre me aconsejó cuando dudaba, si le decía que iba a hacer algo, le faltaba tiempo para ofrecerse a acompañarme a donde fuese. Mientras el vivió, nunca me sentí sólo, siempre tenía a mi padre dispuesto a ayudarme. A pesar de ser una gran persona, su vida ha estado marcada por las desgracias, parece ser que Dios lo quería poner a prueba, si es así, desde luego la pasó de sobra, no es que fuese muy creyente, pero su carácter, su forma de ser, nunca ha cambiado, aunque interiormente estaba triste desde la desaparición de mi hermano, siempre tenía un saludo, una sonrisa para todo el que conocía. Cuando era pequeño, pasó las mil y una calamidades, venía de una familia numerosa, con un padre que había sido alcalde en le guerra civil y por eso fue encerrado durante 8 años en la prisión, su delito era haber sido alcalde de un pueblo, Camporrobles. Por ello a los 7 años tenía que ir a por leña con su hermano Ángel para que la familia pudiera llevarse algo de comida a la boca La gente sana que lo ha conocido, sabe cómo era, siempre dispuesto a ayudar al que lo necesitase y de hecho, los enemigos que cosechó fueron gente por las que se desvivió. Mi padre trabajaba en una serrería en Camporrobles, era el encargado, discutía muchas veces con el dueño, es difícil ser encargado de una empresa y al mismo tiempo defender los intereses del resto trabajadores, esto le traía problemas y harto de lo negrero que era el dueño, decidió buscar a un amigo que había conocido cuando hizo el servicio militar. Ese amigo se llama Manolo, junto con otros dos tenían una fábrica que se llamada muebles Pons, después cambió de nombre y pasó a llamarse MADIMA: Tras hablar con Manolo, mi padre se vino a Catarroja con 38 años y como no, se trajo algunas personas que trabajaban con él en la serrería. les buscó trabajo y casa. A uno de ellos, el primero que se vino un tal Jacinto, no le buscó casa, le dio cobijo en la suya durante casi 3 años, pero no solo a él, también a la madre (viuda). recuerdo que la operaron y mi madre tenía que cuidarla. Pues bien, ese fue un enemigo de mi padre, cuando compró piso comenzó a dejarle de hablar sin motivos. Como mi padre era un hombre que destacaba en el trabajo, la empresa Pons compró una tupi y se hizo cargo de la máquina, los que entienden saben lo peligrosa que es. Durante todos los años que estuvo de serrador en la serrería de Camporrobles (20 años) y después en la tupi / (14 años), jamás se había accidentado, pero la suerte le cambió, Estaba trabajando y tenía un joven ayudándole, mi padre pasaba la pieza por las cuchillas y el ayudante la cogía cuando estas acababan de comer la pieza, En momento dado, este joven tuvo un error y al tirar de la pieza de madera, metió la mano de mi padre en las frías y afiladas cuchillas de la máquina. En ese momento mi padre perdió el dedo índice de la mano derecha, pero en la operación tuvieron que amputarle media mano. Estuvo un par de meses de baja y volvió al trabajo, lo jefes decidieron colocarlo en la misma máquina a pesar de no tener ya la posibilidad de sujetar las piezas con fuerza. A ellos les daba igual,. El resultado es que al mes se volvió a accidentar, esta vez en el dedo del corazón con la suerte de que sólo le cogió un trozo de falange, pero el resultado estaba visto, ya no servía para la máquina. El accidente lo tuvo en julio, la empresa cerraba de vacaciones en agosto, mi padre fue a decirles que estaba de baja en agosto y le dijeron que no importaba, que las cogiera en septiembre y se reincorporara en octubre. Cuando fue en octubre le dijeron que había abandonado el trabajo y se fue a la calle sin un duro y sin paro, con 55 años y trabajando desde los 7 años. Al final consiguió que alguien le hiciese el favor de contratarlo durante 1 mes, pagando los gastos de la seguridad social, para poder tener cobrar el desempleo, sino, después de un montón de años trabajando, con 55 años de edad y media mano cortada habría tenido que mendigar, claro que eso, yo nunca lo hubiese permitido. En cuanto a la perdida de parte de la mano, nunca cobró ni una peseta, el abogado metió la pata y no hubo forma humana de cobrar. Tampoco al abogado, le sabía mal a mi padre denunciarlo porque se había llevado muy bien con un tío del letrado y éste aprovechó para alargar un montón de recursos que nunca llegaron a materializarse, pero le sirvió para evadir las responsabilidades, el abogado se llama Manuel, no recuerdo el apellido. Al año siguiente en 1990, se fue mi hermano Rafael Antonio a Tenerife, era músico, tocaba la trompeta y la verdad es que era un superdotado tocando el instrumento, lo comparaban con los mejores trompetas, pero aun era joven . Un año después el 02 de septiembre de 1991 desapareció en la playa de La tejitas, de Granadilla de Abona, Tenerife. A la desgracia de la desaparición, se une la dejadez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número 3 de Granadilla de Abona, llegó a archivar las diligencias sin declarar ningún testigo, el principal sospechoso no declaró ante un juzgado hasta pasados varios años, con la permisibilidad de la fiscalía y la audiencia provincial de Santa Cruz de Tenerife. La lucha de mis padres por saber qué le ocurrió a mi hermano, los llevó a quedarse casi sin recursos, pero lo peor es que con la razón en muchos aspectos, no consiguieron saber qué le ocurrió a mi hermano Rafa, habían tropezado con la dificultad de saber lo ocurrido a alguien cuyo cuerpo no aparece. Un sospechoso llamado Agustín Tomás Quiles, que estaba en el momento de la desaparición y siempre ha mentido, creo que la única verdad que ha dicho en la declaración al cabo de un montón de años, es como se llamaba. Una dejadez incomprensible de los que han participado en la instrucción de las diligencias previas 2667/91 del 2 de marzo. Mis padres llegaron a sentarse en la puerta del palacio de justicia de Santa Cruz de Tenerife para pedir justicia, tan sólo obtuvieron el reconocimiento de funcionarios de esos juzgados que los animaban a no decaer, aunque en el fondo sabían las dificultades que habían. Volvieron a casa igual que se fueron, bueno, peor porque tuvieron que pedir un préstamos para poder viajar y estar un mes mendigando justicia, a las puertas de la audiencia provincial de Santa Cruz de Tenerife, pero lo que más les dolió fue ir con la verdad y no conseguir nada.
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